Sixto Solórzano González es un artesano de pura cepa

Las creaciones religiosas del escultor Sixto Solórzano González tienen una parte de su vida.

Por: Ana Lucía González

En una sencilla vivienda de la aldea Santa Lucía Los Ocotes, el escultor Sixto Solórzano González se despide con nostalgia de su recién terminada obra, un Jesús Sepultado de 1.5 metros, que se destinará a la parroquia de la aldea Los Planes, en Palencia, Guatemala.

El artista confiesa que con cada imagen que fabrica se encariña. No es para menos. La ha trabajado por más de tres meses, y es el resultado de un largo proceso que empieza desde escoger la mejor troza de cedro en el aserradero, darle forma con el cincel poco a poco, hasta encontrar la forma perfecta. “Cuando se las llevan me quedo con un vacío tremendo, por eso me gusta colocarlas en un altar en casa un día antes”, afirma.

Don Sixto, de 47 años, ha ganado cada vez más reputación como escultor de imaginería. Desde hace 20 años se dedica a este oficio, en el cual los pedidos de las parroquias que le solicitan esculpir distintas imágenes aumentan con los años. Su pasión para aprender mejor el oficio lo motivó a estudiar en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP), lo que le ha permitido dominar cada vez más la talla en madera. Sus habilidades también abarcan la restauración de imágenes, así como la pintura al óleo.

Talento natural

Su destreza por la escultura la descubrió por casualidad. Cuenta que en la temporada navideña le gustaba crear sus propios pastores para el Nacimiento. Un día los vecinos le llevaron una imagen de San José para restaurar. “Eran mis primeros pasos, extrañamente tuve un sueño en el que el santo me dijo que no tuviera miedo, que empezara el trabajo y que me ayudaría”.

Sixto comenzó en el oficio de la talla de forma empírica, como muchos otros artesanos en el país. Poco sabe de los maestros de la Colonia como Quirio Cataño o Pedro de Mendoza, pero reconoce con aprecio las enseñanzas que dejó su maestro Marvin Olivares en la ENAP.

Con los años los pedidos han ido en aumento, a pesar de que don Sixto debe repartir su tiempo con un trabajo formal como guardia de seguridad y solo dedica sus horas libres para hacer lo que más le gusta, la escultura en madera.

Sixto Solórzano González acomoda una de sus creaciones. (Foto Guatemalan Art: cortesía).

Por lo general, solo se apoya en sus dos hijas, quienes lo ayudan a pulir las trozas. El resto incluye detalles como el encarnado, la sangre, los azotes… “en suma, dar vida a una imagen para lograr un semblante “como si lo estuviera viendo a uno”, expresa.

Sixto siente una enorme fascinación por su trabajo, producto de la destreza al encontrar en una troza de madera rústica cómo va naciendo una imagen paso por paso. Con la primera escultura que entregó, recuerda que se encariñó de tal manera que le “rodaron lágrimas cuando se la llevaron”. Sabe también que el secreto de su oficio reside en el esmero y amor que dedica a cada una de sus obras.

You might also like More from author

Comments are closed.