Édgar Molina, El Pollo, arma relatos con el corazón

Ángel Elías

El cuentacuentos guatemalteco Édgar Molina, mejor conocido como El Pollo, de la Compañía Cuentos y Talentos, recorrió Sudamérica con el estandarte de llevar las narraciones locales por aquella región, una tarea que le llevó casi 15 meses.

Cuando uno se imagina a un cuentacuentos, lo primero que se viene a la mente es una persona que a través de su voz les da vida a historias, pero hace más que eso, el cuentacuentos recopila, entiende y transmite la tradición oral de los pueblos, enfocado a quienes más los disfrutan, los niños. “Es un trabajo lleno de retos y satisfacciones”, indica Molina.

Con más de 10 años de experiencia, Molina ha encontrado en la sonrisa de los niños la mejor recompensa y en la confianza de la gente al contarle sus historias, la mejor fuente de sabiduría. Su aventura comenzó contando historias a niños, luego junto a Mariela Estrada, su socia y compañera en Cuentos y Talentos, fundaron esta compañía que ha llevado sonrisas a ciudades y escuelas de Guatemala, México, Costa Rica y Nicaragua.

 

Aventurero

En el 2016, a Molina le surgió la idea de hacer una gira por Sudamérica para conocer las entrañas de las historias que se entretejen en aquellas regiones. “De allí surge la posibilidad de integrarme con Roberto Braham, que estaba realizando el proyecto denominado En Ruta Por la Infancia por toda Latinoamérica y decidí unirme a esa aventura”, recuerda. El resultado de ese osado viaje fue conocer regiones mágicas de países como Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia y además, llevar las historias de Guatemala a aquellas regiones. Molina fue todo un embajador del cuento guatemalteco en Latinoamérica.

“Me gustó mucho ver en internet como se desarrollan los narradores en otros países y quise conocerlos, sus escenarios, sus retos. También quería conocer lo que se hace en la literatura infantil está muy desarrollada en lugares como Argentina, tomé mis cosas y simplemente me fui”, recuerda. “No estaba equivocado, en Sudamérica hay mucha gente trabajando, con décadas de dedicación que han hecho de la narración oral una forma de vida. Grandes movimientos con respecto a los cuentistas y narradores que son la envidia de países como los nuestros”, indica.

Todo necesita de recursos económicos, como un viaje de esa envergadura. “Me fui con poco dinero y recorrido lo hice al presentar mi espectáculo en diversos lugares y muchas veces con las donaciones que me dieron para continuar mi viaje”, explica Molina que no recuerda la travesía como algo malo, al contrario, lo recuerda como un gran reto y compromiso por mejorar. “Conocí a personas maravillosas y cuentacuentos que tienen un trabajo fantástico”, añade.

La narración oral, los cuentacuentos y la literatura infantil atraparon a este gran expedicionario de la palabra. “En el viaje me di cuenta que existen muchas historias por ser contadas y que Latinoamérica está llena de esas, por todos lados. Me encontraba con gente que cuenta, somos muy orales en la región”, explica. Molina asistió a varios festivales de literatura infantil y de narración oral, él era la sensación por ser guatemalteco. “En muchos de esos encuentros, yo era el primer guatemalteco que asistía, entonces para mí era un reto doble, primero por hacer bien mi trabajo con el público y luego por representar a Guatemala”, indica.

En Guatemala, la narración como algo oral, no está del todo desarrollado. “Francisco Garzón Céspedes, un narrador cubano dedicó su vida al estudio de la narrativa oral. En países como los nuestros la tradición de contar historias es algo que está en nuestra sangre, es algo que se trae. Pero no hay un sistema que pueda albergar esas historias, más allá del traspaso de generación. Nosotros en la compañía Cuentos y Talentos hicimos el intento de conocer las historias que se tienen en Guatemala, pero nuestros esfuerzos no eran suficientes para entender su riqueza. Se necesita estar afuera y aprender cómo se ha logrado en otros países para venir a replicarlo acá”, comenta.

“Me gustó mucho ver en internet como se desarrollan los narradores en otros países y quise conocerlos, sus escenarios, sus retos. También quería conocer lo que se hace en la literatura infantil está muy desarrollada en lugares como Argentina, tomé mis cosas y simplemente me fui”, Édgar Molina.

La motivación por el crecimiento profesional de Molina lo llevó a conocer a más de 40 narradores orales y compartir con ellos. “Platiqué con tanta gente que siempre se lleva un pedazo del alma de cada quien para luego regresarla en mis cuentos. Conocí a un alemán en Colombia, que su trabajo era contar en su idioma, pero de una manera tan particular que se le entendía en español, eso era fantástico”, recuerda.

Para Molina en Guatemala hace falta la cultura de escuchar, de sentarse a apreciar algo. “Estamos acostumbrados a la impaciencia. Vemos espectáculos que están diseñados solo para reír y debemos darnos la oportunidad de que no todas las historias son chistes o comedias, hay cosas profundas que nos pueden hacer reflexionar. Hay arte para hacernos sentir. Veo al público guatemalteco y es difícil porque está preparado para la risa”, comenta. “Un país como Bolivia, por ejemplo, habla sobre sus raíces, cuenta historias relacionadas con ellas. Hablan de cosas muy importantes para su cultura. Nos hace falta mucho escuchar”, agrega.

1. A mi pequeño Ignacio le susurro una historia 2. Le cuento de un mundo llamado Asturias #Cuentacuentos #Filgua #CuentosyTalentos

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Sin embargo, no todo es malo. Para Molina la riqueza de las historias en Guatemala es su mayor fuerte. Los relatos están en todos lados, solo es cuestión de verlas y contarlas. “En una ocasión conté una historia que tenía relación con mi abuela, a los días ella murió acá en Guatemala y yo estaba en Sudamérica, sé que es una forma que tuvimos para despedirnos”, recuerda.

“En el viaje me di cuenta que existen muchas historias por ser contadas y que Latinoamérica está llena de esas, por todos lados. Me encontraba con gente que cuenta, somos muy orales en la región”.

Pero, qué significa para este artista contar un cuento. “Es liberador, es algo que me hace ser otra persona y que me da la posibilidad de expresarme. Muchas veces necesitamos decir las cosas, que nos escuchen, eso nos vuelve a veces personas tristes porque nadie nos oye. Cuando cuento eso me libera. Y aunque me sienta triste, y la historia sea alegre, el simple hecho de contarla me reconforta”, indica. “Tener ese contacto directo con la vista y la sonrisa de los niños me reconstruye”, comenta.

La vida de El Pollo pasa entre cuentos, historias y libros. “Es lo que he encontrado como parte de mi vida y lo que me hace sentir mejor”, explica. ¿Cómo resume su misión? “Es contarle al mundo, qué es Guatemala”.

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