Ella es Aura Chiriz Ajpuac

Por Ángel Elías (@angel10gt) y Sandra Escobar (@rescobar_gt)

El rostro de Aura Chiriz Ajpuac apareció en la portada de una revista de moda guatemalteca y rápidamente se hizo famoso porque causó un polémico debate acerca del clasismo y racismo en Guatemala.

Chiriz tiene la mirada tierna, por momentos se comporta tímida y desconfiada, pero la sonrisa vuelve a su rostro cuando cuenta la historia de su vida.

Desde niña trabaja vendiendo collares, bufandas y artesanías que trae desde su pueblo, San Andrés Itzapa, Chimaltenango.

Esa labor se la enseñó su madre, que también fue vendedora. “Todos los días vengo con mis hijas para que también aprendan el oficio. Esto les servirá para ser unas mujeres de bien”, comenta Chiriz, mientras observa a dos de sus hijas adolescentes que la acompañan en sus jornadas que suelen ser de 12 horas.

Chiriz desconoce el revuelo que causó en redes sociales cuando su imagen apareció en la fotografía que fue la portada de la revista, Look Magazine, en julio del 2017.

La instantánea fue acusada de promover el racismo por colocar a la modelo
francesa-guatemalteca, Francesca Kennedy, frente a un grupo de vendedoras indígenas; Chiriz era una de ellas y fue la que destacó en la portada.

“Ese día vino un grupo de personas y se juntaron para tomar fotos. Eso pasa siempre. Empezaron a decir que iban a pagar por aparecer en la foto y fui. Fueron muchas fotografías”, recuerda. “Nadie me obligó”, dijo.

De aquella sesión de fotos salió la imagen de la portada que causó polémica.

Varios usuarios de Facebook expresaron su inconformidad porque, a su criterio, la portada mostró una visión excluyente que evidenciaba una línea racista en contra las mujeres indígenas que aparecían en la imagen.

“A mí solo me decían, doña Aura, usted ahora se volvió famosa”. Y ella sonreía sin saber por qué le decían eso, cuenta. Las opiniones sobre aquella portada se regaron como pólvora encendida en las redes.

“Mi esposo se enteró y me dijo que no me anduviera metiendo en cosas en las que no me llaman”, comenta preocupada, al imaginar que esa publicación pudiera provocarle problemas.

Portada de la revista Look Magazine en donde aparece Aura Chiriz, junto a otras vendedoras del parque
de Antigua Guatemala. (Foto: captura de pantalla Facebook/Look Magazine)

Sus hijas tienen cuentas en Facebook y le que su rostro aparecía repetidamente en las publicaciones. “Un amigo de California quiere venir a entrevistar a mi mamá”, dice una de las hijas, que por tener contacto con compradores en La Antigua, ha entablado amistad con extranjeros.

No es de extrañar que se haya vuelto una personalidad, curiosamente anónima, ya que en todas las publicaciones que se han hecho, ninguna ha mencionado su nombre, hasta ahora.

¿Quién es Aura?

“Soy Aura Chiriz Ajpuac, tengo 45 años y cinco hijos”, dice segura de sí misma cuando se le pregunta su nombre. Esta seguridad la ha forjado al encontrarse a diario con los compradores guatemaltecos y extranjeros en las calles de La Antigua Guatemala, donde trabaja desde los 7 años.

“No aprendí a leer porque no pude ir a la escuela de pequeña. A los 15 años me pusieron en primero primaria, pero entré con niños muy pequeños y me daba vergüenza estar con ellos. Decidí dejar de estudiar”, recuerda mientras su mirada se pierde en el horizonte como si explorara cada uno de sus recuerdos luego de muchos años de no hacerlo.

El dejar la escuela no fue un obstáculo para ser una vendedora que trata de complacer a sus clientes. “Entiendo el inglés, me cuesta pronunciarlo, pero intento hablarlo con los extranjeros para que me compren”, dice con orgullo.

Guatemala, un país, en el que el analfabetismo alcanza al 15 por ciento de la población, el comprender el inglés, sin saber leer, es un verdadero reto y Chiriz lo sabe.

Ella es originaria del pueblo kaqchikel de San Andrés Itzapa, Chimaltenango, un municipio que está a 17 kilómetros de La Antigua Guatemala.

Aquella población trabaja en la agricultura, el comercio y las artesanías. “Antes no había bus para viajar a La Antigua, nos íbamos a Chimaltenango y luego para acá. Ahora el bus ya pasa cerca de mi casa y me queda más fácil”, comenta Chiriz. Esta rutina incluye levantarse temprano, preparar el desayuno, arreglar su venta y lavar la ropa. “Mis hijas ya me ayudan a arreglar las cosas de la casa”, dice orgullosa.

Los gallos cantan en las casas cercanas, el rocío frío del altiplano guatemalteco hace que los campos tengan un tomo azul verdoso y el sonido de los primeros autos que pasan frente a la casa de Aura ya se escuchan. Esas son las señales que indican a las personas que es hora de comenzar una nueva jornada, en los pueblos parece que el tiempo pasa más lento.

Lo primero que hace Chiriz es preparar el fuego para hervir el café y cocinar. “Antes me levantaba a las tres de la mañana para arreglar las cosas para mis hijos ya que ellos se iban a la capital para trabajar. Ahora lo hago más tarde porque dos de mis hijos ya están casados”, dice. Su rutina matutina incluye preparar la mercadería para la venta.

Aura Chiriz (al centro) junto a sus hijas Yaquelin y Érica, en el Portal de Las Panaderas, La Antigua Guatemala. (Foto Guatemalan Art: Ángel Elías).

“La elaboración de artesanías me la enseñó mi mamá, comenzamos con frijoles pintados para hacer pulseras, ahora usamos otras cosas”, comenta mientras muestra algunas piedras y gemas con resina. “También tenemos buenos precios, con rebaja”, agrega sonriente.

Chiriz solo tiene hermanas y contándola a ella, suman cinco. Desde niñas, todas vendían en el parque de La Antigua. “Mi madre nos enseñó el oficio, nos decía que no hiciéramos cosas malas, que aprendiéramos a valernos por nosotras mismas”, recuerda.

“De pequeña llegaba a casa con lo que ganaba en la venta. En aquel entonces el quetzal valía lo mismo que el dólar”, recuerda. 

En una ocasión, cuando aún era una niña, una extranjera le entregó una propina. “Es para vos”, recuerda que le dijo. En la noche llegó con su mamá y le dijo que quería comprar unos zapatos con ese dinero. “Cómpralos y eso te vas a comer toda la semana”, sentenció su madre, entonces ella prefirió entregar el dinero para que se gastara en lo que se necesitaba en la casa. Chiriz recuerda ese episodio con nostalgia. “Mi mamá nos enseñó a trabajar”, dice mientras suspira.

Familia

Chiriz se casó a los 19 años con Isaías Méndez y su matrimonio se mantiene desde hace 26 años. “Somos felices a pesar de que hay días que surgen los problemas. Se ha mantenido conmigo para sacar adelante a los hijos”, comenta.

Su pareja se dedica a la fontanería y así lleva la parte del gasto que le corresponde. “Ni crea yo tuve muchos pretendientes. A una siempre le hablan los muchachos. Antes de mi esposo había unos que ya me molestaban, pero mi mamá me decía que no eran buenos hombres. Eran pretendientes de Chichicastenango y otros lugares”, dice y se sonroja un poco. “Cuando conocí a mi esposo fue por un cuñado, nos presentaron y fue amor del bueno. Él sí le cayó bien a mi mamá y dejo que nos casáramos. La vida sabe qué quiere para una ya que los otros pretendientes que tuve muchos murieron. Si me hubiera quedado con alguno ya sería viuda”, dice.

Chiriz habla con sus hijas en kaqchikel, les pregunta quiénes son los que comparten la foto de la revista en internet. Amigos, le responden ellas. “Tengo tres hijas y dos hijos, cuatro por comadrona y uno en el hospital, todos por parto natural”, dice orgullosa. En un país como Guatemala, donde la tasa de muertes de niños menores de un mes en el 2015 fue de 17 por cada mil niños, es un logro para Chiriz que todos sus hijos estén vivos.

Las comunidades indígenas son las que menos acceso a servicios de salud tienen. “Un nieto ya casi se iba a morir, pero con los cuidados que le di se logró salvar. Lo llevamos a varios hospitales y hasta en Chimaltenango se logró curar. A él lo tuvieron que operar, pero ahora recuperó su peso y hasta gordito se mira”, confiesa con la satisfacción haber salvado una vida.

El parque de La Antigua Guatemala ha sido su vida. “Yo crecí aquí y crie a mis hijos. Todos estuvieron en mi espalda mientras yo vendía. Siempre era lo mismo venir, vender y regresar a mi casa. Tenía que conocer la hora de salida de camionetas y estar a tiempo para no quedarme. Acá con los vendedores ya todos nos conocemos y nos cuidamos”, comenta.

Aura Chiriz también habla de política, de la que le afecta de manera directa. “Muchos alcaldes han tratado de sacarnos -a los vendedores del parque-, algunos con más fuerza que otros. La alcaldesa de La Antigua ya nos amenazó con que nos va a sacar, pero hasta ahora no ha hecho mayor cosa. Espero que no pase a más porque esta es la única forma en la que nos podemos ganar la vida”, dice preocupada.

Su vida transcurre entre las ventas, “burbujeros”, los flashes de las cámaras de los turistas que se maravillan con La Antigua Guatemala y el color de su traje maya. “Si vendo, hay comida para todos. Si no hay mucha venta, pues comemos lo que hay, chirmol de chile seco con cebolla”, cuenta.

Chiriz ama a sus hijas y trata de darles, en medio de sus limitaciones, lo mejor. “He acostumbrado a mis hijos a ser independientes, a ser valientes. Mi primer hijo sabe cocinar, hace pepián, estofado”, revela orgullosa.

Ella fue la portada de una revista de moda que generó un debate sobre etnicidad e identidad, puntos que ella tiene claros. Es una mujer trabajadora que se siente orgullosa de ser kaqchikel y que poco se enteró del revuelo que provocó su imagen para una sociedad que hace invisible a la mujer indígena y que tienen aún los resabios de una cultura racista heredada de la época colonial.

Mientras tanto, ella seguirá vendiendo en el parque de La Antigua Guatemala, y su país será aquel que le regatea el precio antes de comprarle alguna pulsera.

En imágenes…

(Foto Guatemalan Art: Ángel Elías).
(Foto Guatemalan Art: Ángel Elías).

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