Guillermo Santillana: “el teatro será siempre una puerta abierta”

Él es un virtuoso de las artes escénicas que lleva más de 15 años de recorrer las comunidades rurales de Guatemala. Su recompensa: las miradas reflexivas de quienes observan las presentaciones de Teatro Títeres Armadillo.

Sandra Escobar@sescobar_gt

Sentado en una banqueta de la emblemática Calle de Bonifaz, en Quetzaltenango, la última semana de abril del 2010, Guillermo Santillana posó para el lente de Pedro Orozco, el fotógrafo que me acompañó a la cita en la que conversamos acerca de Teatro Títeres Armadillo; entonces, yo era reportera de Cultura de elQuetzalteco y él, junto con Fernando Juárez y Josué Morales, preparaban su viaje a La Sarthe, Francia, para participar en el II Festival Internacional de Arte, “Tierra de maíz, la fiesta”. La suma de experiencias desde aquella fecha me permite ahora, varios años después, reafirmar que este artista, en plena madurez de su carrera, no busca entretener ni protagonismo, sino construir, junto con sus marionetas, espacios para soñar y reflexionar.


Te conocí hace ocho años, en la ciudad de Quetzaltenango, entonces varios títeres inspirados en el Popol Vuh te acompañaban, ¿qué ha ocurrido durante este tiempo en tu camino artístico y personal?

Ha sido una temporada intensa. Entre las cosas que ocurrieron puedo destacar el encuentro con nuevos lenguajes, entre ellos el teatro en miniatura, el mosaico y el cine.  Lenguajes que hemos abordado desde la naturaleza propia de nuestro proyecto, Teatro Títeres Armadillo y que busca indagar en los objetos, desentrañar su memoria y despertarlos a la vida.  De esos mismos objetos surgen las historias que llevamos a escena y ahora también a las paredes o a una pantalla.

Teatro Títeres Armadillo se fundó en el 2000. Transcurridos 18 años, ¿cómo ha sido la experiencia de mantenerlo en un país como Guatemala? 

Ha sido un privilegio. Desde un que comenzó, Teatro Títeres Armadillo ha sido una escuela, como esa que necesitábamos cuando fuimos niños, sin un plan escrito en piedra.  Una escuela viajera, liberadora, un espacio de autoformación, de investigación profunda, donde no se trata sólo de repetir sino de reinventar. Un lugar para descubrir y descubrirnos, para cuestionarnos, con ingredientes extraordinarios, como el teatro, los títeres, la escultura, la ilustración, el cine o la poesía. Y luego, lo más importante, la oportunidad de compartir esos ingredientes con otras personas.

Es interesante la definición de Teatro Títeres Armadillo : “Un proyecto itinerante donde converge el trabajo escénico, plástico y audiovisual, con un enfoque especial en la exploración del lenguaje de teatro de objetos y marionetas. Una reunión de intenciones y visiones que busca nutrirse de las riquezas, complejidades y contradicciones del contexto cultural de sus integrantes”, ¿cómo llevar a la acción esa ambiciosa meta, sin morir en el intento? 

Principalmente, este proyecto es el resultado del trabajo de muchas personas y muchos caminos andados. Es por eso que la itinerancia y el encuentro han sido fundamentales. Creamos y proponemos gracias a esa diversidad de visiones y recorridos.  No somos especialistas en alguna técnica. El trabajo de Teatro Títeres Armadillo se puede resumir en una búsqueda y una reunión, al igual que el teatro y los títeres son justo eso, una confluencia de lenguajes, donde el pulso vital es siempre la poesía.

Guatemala, un país habituado al consumo de entretenimiento masivo, pareciera un camino cuesta arriba para desarrollar las artes escénicas, especialmente enfocadas en la cosmovisión maya y las tradiciones ancestrales, ¿por qué embarcarte en esa aventura? 

Porque Guatemala es también un país en donde existe una riqueza enorme de conocimientos, pensamientos, historias y formas de percibir la vida.  Son el origen y el pulso para crear. El compromiso del entretenimiento masivo es con el dinero.  Nuestro trabajo no es el de entretener.  Ese no es el sentido del teatro. Nuestro trabajo es para profundizar, para cuestionarnos y para asombrarnos. Un ejercicio de libertad.

Captura de pantalla de la entrevista a Santillana, en mayo del 2010. (Crédito: elQuetzalteco)
Captura de pantalla de la entrevista a Santillana, en mayo del 2010, en la Calle de Bonifaz, Quetzaltenango. (Crédito: elQuetzalteco)

Observo las fotografías que Teatro Títeres Armadillo comparte en su perfil de Facebook y es gratificante notar la conexión que logra el proyecto con los habitantes de las comunidades,  ¿cómo llegaste a eso? 

Todo el proyecto nació con la necesidad de compartir, y se nutre de eso. Nuestro objetivo es acercarnos, es por eso que cada presentación teatral o de títeres es un acto comunitario. Es lo mismo con los talleres o los murales. Como creadores buscamos que las personas que nos acompañen puedan reconocerse en cada trabajo y que ese reflejo sea un acto de reflexión.

¿Qué hay detrás de esas creaciones colectivas mural-mosaico en las que los niños con quienes trabajan plasman sueños? 

Los mosaicos también son una reunión, ahí está presente el teatro, la escultura y la poesía. Fue gracias a un taller de teatro que nos pudimos encontrar con los mosaicos. Así comenzamos a investigar sobre materiales y técnicas.  Después del primer resultado, iniciamos la creación de un segundo mosaico, y un tercero. Ahora, ya llevamos más de 20 en diferentes comunidades. Buscamos involucrar a muchas personas en todo el proceso, desde el diseño hasta la inauguración, son caminos muy largos donde se construye pieza por pieza. Además de plasmar ideas o sueños, lo que hacemos al juntar las piezas es recuperar pequeñas partes de nuestra memoria o recuerdos. Es el arte de reunir pedacitos rotos y es por eso que crear un mosaico es una actividad sanadora.


(Foto Guatemalan Art: Heidy Cabrera/cortesía Guillermo Santillana).
(Foto Guatemalan Art: Heidy Cabrera/cortesía Guillermo Santillana).

Creaciones colectivas mural-mosaico en las que los niños con quienes trabaja Santillana plasman sus sueños. (Foto Guatemalan Art: Victoria Edelman/cortesía Guillermo Santillana).

¿Por qué y para qué hacer teatro en miniatura?

Siempre hemos tenido una fascinación por las figuras en miniatura. Y desde hace años comenzamos a explorar la creación de teatros en miniatura o cajas misteriosas.  Ahí descubrimos que esos microcosmos son espacios de posibilidades infinitas.  Nos dieron la oportunidad de contar las historias que no podíamos llevar a un montaje teatral de tamaño habitual.  Y la posibilidad de estar aún más cerca del público, donde animador y espectador emprenden juntos un inmenso viaje dentro de un minúsculo universo. Varias personas se han unido a la creación de estos teatros en miniatura en comunidades del Occidente de Guatemala, juntos hemos investigado y propuesto historias distintas.  A este proyecto y laboratorio de producción le hemos llamado Las misteriosas.


|Sigue a Santillana en sus redes sociales|

 

Subverso - Fotografía por Efraín Chuc Aguilar

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ARTESANO DE LOS SUEÑOS

Tienes un perfil sobrio en las redes sociales, me da la impresión de que la mayor parte del tiempo estás de viaje o escondido en alguna comunidad del país, construyendo sueños…

Esa es una de las constantes de este trabajo: el viaje. Es lo que nos da la posibilidad del encuentro.  Vamos siempre recorriendo caminos conocidos o nuevos, acompañados por nuestros títeres y sus historias.  No queda mucho tiempo para compartir en las redes sociales. Cuando es posible, publico alguna galería de fotos o la invitación a algún evento. Por ejemplo, en esta temporada estamos recorriendo comunidades en Quiché, planeando y diseñando los siguientes mosaicos o presentando La Kumatz, la Serpiente-río, una marioneta gigante que nació de las ideas y de las manos de niñas y niños de esa región como parte de un proyecto de protección del agua.


Guillermo Santillana presenta "Kumatz", la Serpiente-río, en una comunidad rural de Guatemala. (Foto Guatemalan Art: Heydi Cabrera/cortesía Guillermo Santillana).
Guillermo Santillana durante una presentación de Kumatz, Serpiente-río, en la aldea Lemoa, Quiché, rodeando la laguna de Lemoa con niñas y niños de la escuela local,  como parte de un proyecto junto con One Drop y Water for People. (Foto Guatemalan Art: Heydi Cabrera/cortesía Guillermo Santillana).

¿Cuál ha sido tu proyección en otros países en los últimos cinco años?

Una de las experiencias más enriquecedoras en estos últimos años, fue IRSE, un proyecto de investigación, creación y representación teatral sobre la identidad y la migración, co-producido por las agrupaciones hermanas Artzénico y Teatro Títeres Armadillo. Una pieza teatral que trasladamos a través de la ruta migrante, desde Guatemala, cruzando México y el sur de los Estados Unidos.  Un recorrido de tres meses, donde la premisa fue incluir a nuevos integrantes al elenco, quienes podrían generar y transformar escenas desde sus ideas y vivencias.  Es así que después de algunos días de permanencia en cada estación y varios talleres, la obra se transformaba con la experiencia vital de los migrantes.

Pero el camino apenas comenzaba.  Al año siguiente tuvimos la oportunidad de realizar un segundo recorrido, esta vez en las rutas migratorias desde África a Europa.  Sahara Occidental, Marruecos, España, Francia, Bélgica y Holanda fueron parte del camino de más de tres meses.

Por lo menos 150 personas se incluyeron al elenco de la obra, en sus múltiples versiones. Un diverso grupo de viajeros de naciones distintas: Turquía, Bulgaria, Guatemala, México, Francia, Venezuela, Eritrea, Ghana, Honduras, El Salvador, Rusia, Senegal, Marruecos, Bélgica, Holanda. Una fiesta de idiomas, donde el teatro fue nuestro principal medio de comunicación. Ha sido un camino y una experiencia que sigue transitando la memoria y que ahora se transforma en nuevos proyectos. En los últimos cinco años también tuvimos el gusto de ser parte de festivales de teatro en Honduras, El Salvador, Perú y Argentina.  Este año volveremos a preparar maletas para una residencia de creación escénica en Nantes, Francia.

En un país de tantas desigualdades, los espacios para expresar son siempre un regalo, un lugar para respirar”.

Según tu criterio y experiencia, ¿cómo pueden las artes escénicas incidir en el desarrollo de las comunidades y zonas más pobres y olvidadas de Guatemala? 

En un país de tantas desigualdades, los espacios para expresar son siempre un regalo, un lugar para respirar.  Y una de las fuerzas del arte radica en la comunicación, sin que el idioma o las palabras sean una barrera.  En las comunidades más alejadas y olvidadas, el arte puede ser el canal para expresar ideas y sentimientos, para transmitir conocimiento, para recordar y proponer.  Todo eso que históricamente ha sido limitado o condenado, aquí encuentra un lugar.  Representa la posibilidad de desaparecer divisiones o de reducir la distancia que nos separa. Un espacio alternativo para escucharnos y dialogar.  En cualquier rincón del mundo, el teatro será siempre una puerta abierta.

Hablemos de Guille y sus “alas”

Creo que la base de todo el trabajo que realizamos está sustentado por el vuelo. Cuando uno vuela es feliz. Pero no se puede ser feliz siempre, hay muchas trampas por ahí para mantenernos en el suelo, para obligarnos a olvidar nuestra esencia, nuestra condición alada.  Mi posibilidad de extender las alas está en mi oficio, en la exploración constante de la poesía que habita el teatro, los títeres, los mosaicos, el cine o la vida cotidiana.

Imaginemos un viaje corto, entre el día que comenzaste en las artes escénicas y el momento de esta entrevista

Me da la sensación de que hay varias vidas ahí. El viaje ha sido como un río, a veces avanzando con rapidez, otras veces sereno, pero siempre fluyendo.  Y como en el camino de cada persona, ha habido obstáculos y grandes satisfacciones, pero básicamente puedo resumirlo en una fiesta, me refiero a cada encuentro y cada posibilidad de compartir.  En esos años caben un montón de personas, preguntas, puertas, ventanas, viajes y abrazos que llenaron mis maletas y que han resultado en una transformación, un crecimiento.  Al igual que las múltiples transformaciones en escena, así también este oficio transforma, va más profundo, como una raíz.

Respecto de Quetzaltenango, la llamada Cuna de la Cultura de Guatemala, ¿cómo analizas el panorama artístico cultural de la ciudad? 

En los últimos años, muy positivo.  Cada semana, el público quetzalteco y de toda la región tiene acceso a una agenda variada de propuestas que antes era inimaginable.  Hay también muchos espacios y semilleros que han ido reactivando la formación y la creación, entre ellos el Teatro Municipal, la Ciudad de la Imaginación, Casa Noj, El Teatrito, La Peña de los Altos, entre otros. Existen eventos y festivales que crecen con cada edición, como la FLEX (Feria del Libro en Xela), Cinespacio, festivales de jazz y de poesía. Todavía hace falta mucho trabajo y mayor articulación pero hay un largo camino al frente.

En las comunidades más alejadas y olvidadas, el arte puede ser el canal para expresar ideas y sentires, para transmitir conocimiento, para recordar y proponer”. 

¿Hacia dónde planeas extender las alas en los próximos años? 

Hay varios planes en marcha, nuevas obras, más cajas misteriosas, mosaicos y viajes.  Y aunque hay diferentes proyectos, a mí me gusta imaginar que lo que sigue es un misterio.  Seguir el viaje sin un itinerario perfectamente establecido.  Al igual que el primer encuentro con el teatro o los títeres, no fueron encuentros planeados, sino el resultado de la búsqueda permanente.  De estar atentos y escuchar. Ojalá este vuelo nos permita seguir aprendiendo, contando historias, compartiendo talleres.

Al que sueña con emprender en las artes escénicas y lee esta entrevista, dile tres piedras de tropiezo que hallará en el camino y de paso, cuéntale cómo saltarlas 

El riesgo de toparse con esas piedras siempre está presente, algunas veces creadas por nuestras propias inseguridades.  Creo que cada una de esas piedras conforma el oficio. Son como la materia prima para un escultor. Más que saltarlas, habrá que abrazarse a ellas, lo que no quiere decir que se lleven siempre encima, pero buscar crecer con ese tropiezo, con ese desafío.


Guillermo Santillana es actor, escultor, marionetista, mosaiquista y animador de objetos, nació en Totonicapán, Guatemala.

Comenzó comenzó su formación teatral a finales de la década de 1990 en el Altiplano de Guatemala. A partir del 2000 se integra a Teatro Títeres Armadillo, asociación que se ocupa de la investigación y creación desde las artes escénicas, las marionetas y la animación de objetos, donde confluyen técnicas tradicionales y contemporáneas. Algunos de los espectáculos que ha llevado a escena: En sus narices, De las alas, Los gigantes, Almohadas rojas, Irse, Subverso e Ixquic y el árbol de la vida, esta última ganó el Premio Ford por la conservación de la herencia cultural.

Recientemente, su colectivo publicó un libro-cuento ilustrado sobre Kumatz, la Serpiente río.

 

 

 

El artista viajará este año a Nantes, Francia. (Foto Guatemalan Art: Andrés Rodríguez/cortesía Guillermo Santillana).
El artista viajará este año a Nantes, Francia. (Foto Guatemalan Art: Andrés Rodríguez/cortesía Guillermo Santillana).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Guillermo Santillana se confiesa un viajero con "alas". (Foto Guatemalan Art: Daniela Alpíz/cortesía Guillermo Santillana).
Guillermo Santillana se confiesa un viajero con “alas”. (Foto Guatemalan Art: Daniela Alpíz/cortesía Guillermo Santillana).

Santillana durante una presentación de Ixquic, el árbol de la vida. (Foto Guatemalan Art: Alejandro Méndez/cortesía Guillermo Santillana).
Santillana durante una presentación de Ixquic, el árbol de la vida. (Foto Guatemalan Art: Alejandro Méndez/cortesía Guillermo Santillana).

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