Isabel Alarcón suena a buen jazz

Ángel Elías

La cantante de jazz guatemalteca, Isabel Alarcón, tiene una voz que impresiona a cualquiera que la escuche por primera vez.

Con 21 años, esta promesa de la música guatemalteca perdió el miedo a los escenarios durante su adolescencia y eso le valió para no querer bajar de ellos. Cantar es lo que llena cada espacio de su corazón y lo desborda cada vez que interpreta.

Un vestido con lentejuelas hecho por sus tías, el valor y su voz fueron sus acompañantes aquella primera vez que pisó un escenario durante un concurso de canto. “El maestro que me estaba entrenando en aquel entonces me dijo: ‘si usted va a cantar jazz, no va a ganar. Acá a la gente quiere escuchar cosas conocidas’, eso no me desanimó y canté Feeling good, de Nina Simon (EE. UU. 1933-2003). Mi competencia era la música de Yuridia y Ana Gabriel y mi mayor miedo era que dijeran ‘qué cosa más horrible es lo que canta esa niña’, pero no me importó, era todo un reto para mí. Mi emoción se mezclaba con temor”, recuerda de aquel entonces.

Pasó lo que tenía que pasar, ella ganó aquel concurso, no tuvo rival. “La música vieja” demostró que aún puede triunfar. Eso fue también una lección para Alarcón que vio la luz que le llevaría por los dominios del jazz y el blues. “Desde ese entonces el amor por este tipo de música no deja de crecer”, dice.

Nace una cantante

Ella podría pasar desapercibida, es una chica normal, que gusta de leer, cantar, salir con sus amigos y escuchar a sus bandas favoritas. “Contrario a lo que puedan pensar, soy muy de estar en casa. Salgo a cantar y me regreso bien portada”, comenta Alarcón. Sin embargo, asistir a un concierto de ella puede cambiar radicalmente la percepción que se puede tener por solo verla. De ese cuerpo, aparente frágil, sale una tonalidad que estremece, acongoja y envuelve en una tesitura hermosa sus interpretaciones.

Imox Jazz, German Giordano, Básico 3 y Kontra solo son algunos de los músicos que alguna vez compartieron la escena con Alarcón. En internet es fácil encontrar videos en lo que se evidencia su talento y que expresa una versatilidad tan particular, que puede interpretar desde un blues navideño hasta música popular a ritmos electrónicos. “Pero me quedo con el jazz o el blues”, dice como quien protege a algunos de sus hijos. Y claro, mientras Alarcón dé vida a estas canciones serán sus retoños.



Cantar jazz en un país que no tiene una tradición jazzística puede parecer una labor compleja y lo es. “Nos hace falta escenarios, nos hace falta espacios, nos sobra músicos talentosos y música”, reclama la cantante, quien sueña con encontrar espacios para difundir el jazz en Guatemala. “Hay un par de sitios en la ciudad, pero se necesitan más, para escuchar a las nuevas voces y que nos conozcamos todos”, agrega Alarcón, mientras con sus manos construye escenarios imaginarios.

Talento temprano

Su historia comenzó cuando su papá escuchaba temas de smooth jazz en su casa y su mamá, que es una gran lectora y amante del blues, la impulsaba cuando ella cantaba en casa. “Quiero dedicarme a cantar”, dijo alguna vez a su mamá cuando aún era niña. Ella le dijo que tenía que estudiar para eso y que, si era lo que quería, eso haría. Y desde ese entonces no ha descansado hasta lograr ese sueño. “Ahora sé que no solo es subirse a cantar, tener voz y valor, también hay que estudiar mucho. Quiero aprender sobre música contemporánea, composición y arreglo”, dice Alarcón que busca comenzar su formación universitaria en música.

Todo tiene un comienzo, a ella la enamoró la música y voz del estadounidense Frank Sinatra, en aquel primer encuentro con la música de esa época. “Cuando lo escuché dije, ‘quiero eso’, los vientos, la voz y esas cosas tan elaboradas que encantan a cualquiera. Dije en aquel entonces: yo quiero sonar así”, dice, mientras sus ojos se le iluminan como si hablara del primer amor.

Pero no comenzó directamente con el canto. Su formación inicial fue en el teatro musical, algo que fue fundamental para comprender que lo suyo no era la actuación sino cantar. “Comenzó como un curso de vacaciones. No dejaba de cantar nunca. En aquel entonces me llegaban a buscar a casa para que les interpretara sus canciones favoritas ya que les gustaba mucho cómo lo hacía”, recuerda.

Al pasar del tiempo, comenzó con sus clases específicas. “Aprendí técnica vocal, mucha de mi formación se la debo a ese entonces. Pero también fui comprendiendo que no era suficiente solo cantar, hay que entender qué se interpreta. Comencé a aprender sobre armonía, composición y teoría musical. Quería ser una artista completa, ahora sé que me sirvió”, comenta. “A los músicos y los cantantes nos separan mucho y también sé que para comprenderme con los músicos y hacer armonía con ellos debía pensar como ellos, pensar como música no solo como intérprete”, comenta.

Alarcón es una promesa del jazz en Guatemala.
(Foto Guatemalan Art: Ángel Elías).
La actualidad

Alarcón poco a poco ha crecido musicalmente. Ha aprendido de sus errores y aciertos. Se podría decir que ha ido afinando su puntería para atinarle a sus pasiones, que gracias a su talento y voluntad le ha abierto puertas en escenario local. “Cuando comencé, estaba preparándome para cantar y el show, para los grandes espectáculos. Pero ahora me doy cuenta que amo los escenarios pequeños, los encuentros cercanos con el público. No me gustarían los grandes estadios llenos. Esto no es como hacer un performance, es algo muy natural. No es el gran escenario o vestido hermoso para cantar, es lo elemental. Mi gran reto es lograr que el público no se aburra, que sienta el jazz y que quiera más”, explica.

Su reto de estos años es crear. Alarcón se prepara para hacer sus propias composiciones y que se vuelvan sellos característicos de su música y su talento. “Tengo ideas, tengo ganas de hacer canciones, solo me falta ir concretando. Pero todo es un proceso porque lo quiero hacer bien”, cuenta mientras con su talento y voz construye un futuro prometedor.

Isabel Alarcón planea comenzar su formación universitaria en la música. (Foto Guatemalan Art: Ángel Elías).

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