Marvin García, el gestor cultural que dirige el Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango

Más de 20 años respaldan la trayectoria de este quetzalteco.

Sandra Escobar/@sescobar_gt

Fue un año clave para la historia de Guatemala, 36 años habían transcurrido desde que comenzó el conflicto armado interno. La firma de la paz, el fin de la disputa entre la guerrilla y el Ejército. Era 1996, el país cerró una historia dolorosa en diciembre de ese año. Un fin, un comienzo. Apenas unos meses antes, en Quetzaltenango, Marvin García y Julio Serrano, dos adolescentes de 14 años de edad, leían durante horas las obras de la colección del la biblioteca de la familia de Julio. Fue la primera vez que Marvin tuvo su “gran encuentro con los autores del Modernismo”. Allí, entre libros, en la segunda ciudad mas importante del país, surgió una inquebrantable amistad y también el interés de Marvin por la literatura que, cinco años más tarde, llevaría a ambos a ser parte del grupo que fundó el Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango.

Poeta, gestor cultural y editor, Marvin Samuel García Citalán nació en 1982, tres meses antes de que la historia de Guatemala registrara la masacre en el parcelamiento Dos Erres, Petén. Su infancia y adolescencia transcurrió junto con sus dos hermanas en el histórico barrio El calvario de la Ciudad Altense. “Nací en el antiguo Hospital Regional de Quetzaltenango, me parece que es un lugar muy simbólico porque está en el corazón de la ciudad. Vengo de una familia quiché muy humilde, con arraigadas tradiciones mayas y fuertes creencias religiosas”, rememora. La historia de este gestor está, como él dice, “llena de hechos simbólicos”.

Marvin fue un niño enfermizo. El asma fue una constante en sus primeros años de escuela. De aquella época, además de tener un horario especial para ingresar al aula, por causa de su enfermedad, evoca lo especial y que fue para él y sus amigos la vida en Xela, “Obviamente, 25 años años atrás la vida en esta ciudad era diferente, aunque mi niñez estuvo marcada por problemas de salud que me limitaron en algunas cosas, creo que eso mismo abrió otras puertas porque comencé a leer mucho, creo que esa época fue plena, recuerdo las tardes de bicicleta con los amigos”, dice.

“Creo que la cultura es construcción de ciudadanía”. 

VIDEO: Marvin García, en julio del 2011 durante su participación en el Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia.

 


CAMINO HACIA LA POESÍA

El chico enfermizo, la infancia plena e inolvidable, los primeros libros de su vida, el barrio El Calvario. El eclipse solar del 11 de julio de 1991. Otra vez, las fechas emblemáticas, los acontecimientos simbólicos. Este escritor vivió los mejores años de su adolescencia a finales de la década de 1990 y el cambio de siglo le llegó cuando él sumaba 18 años de vida. A los 20 se graduó de Bachiller en Computación luego de un historial escolar que le llevó desde la escuela en su barrio querido, pasando por el Colegio La Patria hasta la Universidad Da Vinci de Guatemala en donde obtuvo una licenciatura en gestión cultural.

Regresemos a las fechas simbólicas. Regresemos a aquella casa llena de libros, especialmente del Modernismo. Allí están Marvin y Julio: “Tenía apenas 14 años cuando comencé a descubrir la literatura, como casi siempre se descubren las buenas cosas de la vida: de forma circunstancial. Cuando estudié el nivel Básico perdí el segundo año pero de esa época rescato el comienzo de mi amistad con Julio Serrano. Al principio no nos llevábamos tan bien pero un día llevé al colegio un disco de Rattle and hum, esa música era algo que teníamos en común y luego, en época de exámenes cuando salíamos temprano de estudiar, íbamos a su casa y leíamos los libros de su papá. Ese diría que fue mi gran encuentro con la poesía, con la literatura, ahí conocí a grandes como Rubén Darío. Imagínate, éramos unos patojos de 14 años fascinados por las letras”, recuerda.

La curiosidad por la literatura, particularmente la poesía, no se marcharon de la vida del escritor. Julio, su amigo, partió a estudiar a El Salvador, país que luego estaría íntimamente ligado a la historia del Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango (FIPQ). “Mientras estudiaba el Bachillerato, un día, al salir del colegio me encontré con una feria de libros y compré uno de Pablo Neruda y las reformas a la Constitución de 1998. En esos años me enamoré por primera vez, como un loco, era el amor adolescente y como era de esperarse, me pasaba escribiendo poemas y se los enviaba a la chica que por cierto, nunca me hizo caso, pero fue gracias a esa experiencia que descubrí la sensibilidad, creo que eso me abrió el camino hacia la escritura”, comenta.


Marvin II
García cree en la cultura como una herramienta de empoderamiento comunitario. (Foto Guatemalan Art: Sandra Escobar).

Marvin III
Marvin se acercó a la literatura cuando tenía 14 años de edad. (Foto Guatemalan Art: Sandra Escobar).

PERFIL 

Algunos de los libros publicados por García:

  • Las raíces de la nostalgia, poesía (Editorial Cultura, Guatemala, 2017)
  • El tiempo no se vende , poesía (Casa de Poesía, Costa Rica, 2012)
  • Solamente el Cielo, poesía (Vueltegato editores, Guatemala 2011)
  • No somos los mismos, poesía (Catafixia editorial, Guatemala, 2010)

  • Es escritor, editor y gestor cultural, tiene estudios universitarios en Derecho por la universidad Rafael Landívar de Quetzaltenango y es licenciado en Gestión Cultural por la Universidad Da Vinci de Guatemala.
  • Ha sido parte de diplomados en creatividad en innovación, edición y corrección de estilo, análisis y evaluación de proyectos, gestión, economía naranja, cultura viva comunitaria y memoria histórica. Ha dado conferencias, ponencias y talleres, además participado y moderado mesas de discusión sobre temas de literatura y cultura en diferentes espacios de Guatemala y América Latina.
  • Asesor en industria creativa, emprendimiento y gestión cultural para el programa Xelajú Naranja de la Red Nacional de Grupos Gestores y CIPE entre el 2017 y el 2018.

LETRAS

El cambio de siglo también significó para el escritor el comienzo de un nuevo camino. Esta vez, ligado a la poesía. “En el 2000 vino a Xela Otoniel Guevara, un amigo escritor salvadoreño. Él llegó junto con Julio Serrano, quien estudió en aquel país. Guevara estuvo aquí durante tres meses que para mí fueron prácticamente talleres de poesía. Nos reuníamos todas las tardes en la casa de mi amigo. Otoniel era ya un poeta experimentado y nos hablaba de literatura, nos mostraba autores, nos abrió la visión”, recuerda.

García, manifiesta su diferencia de opinión en cuanto a lo que ocurrió en el arte, especialmente la literatura, luego de la firma de los acuerdos de paz. “A veces discuto con las personas que hablan de movimiento literario después de la firma de los acuerdos de paz solo a partir de Octubre Azul y Casa Bizarra, porque creo que, en Xela, fue otro nuestro imaginario, otra nuestra construcción y eso tiene que ver con la presencia de Otoniel Guevara en esta ciudad, fue él quien nos habló del formato de un festival de poesía, nos habló de Medellín, nos presentó autores que jamás habríamos conocido como Roque Dalton; así, comenzamos a ver, desde Xela, nuestras propias necesidades”, dice.



“Mi padre fue militar, mi madre ama de casa, yo, un chico quiché urbano, con limitaciones económicas que trabajó desde muy joven y creció en un entorno religioso; cuando ves tu historia personal te das cuenta de que el entorno te permea, aunque no seas consciente de ello”.

GRUPO RITUAL

A las tertulias literarias de Julio, Otoniel y Marvin se sumó Gabriel Rodríguez, arquitecto y catedrático universitario.  De aquellas conversaciones, un día cualquiera, mientras tomaban un café surgió la pregunta que daría forma a una inquietud que ya rondaba en la mente de estos amigos. “Dijimos: ¿Muchá, por qué no hacemos un club de poseía?”.  Así comenzaron los primeros ejercicios colectivos del FIPQ, con el Grupo Literario Ritual, al que se luego se sumaron Martín Díaz, José Gerardo Muñoz, Carmen Lucía Alvarado, Loreley Fortuny, Sary García y Édgar García. “Yo creo que este grupo fue una coincidencia de la vida. En el 2001, lo primero que hicimos fue una lectura de poesía en un café del Centro Histórico de Xela, recuerdo que fue un 28 de diciembre”, dice.

Aquella lectura de poesía fue relevante. Comenzaba así su camino hacia la gestión cultural. Un año antes había asistido por primera vez a una lectura de poesía, “En Xela existió una librería que se llamó Frida Kalho a donde vino Enrique Noriega a dar un taller de poesía que culminó con una lectura colectiva, llegó mucha gente, ahí tuve la sensación de que todos los que estábamos habíamos dicho lo que queríamos decir, nos llenaba, nos hacía sentir fuertes”, recuerda.

Fue en el 2001 que asistió a estos primeros ejercicios de lecturas colectivas del FIPQ Nicole Cage, poeta de Martinica y los escritores guatemaltecos Francisco Morales Santos y Javier Payeras. “Recuerdo que hicimos tres lecturas en el Centro Histórico de la ciudad, llegaba poca gente, pero nosotros, desde un principio, estábamos muy claros en romper la idea de que la literatura era para una élite, queríamos presentar este formato en el que la entrada era libre, para todo público, ese es aún el espíritu del FIPQ“, comenta.

Desde Grupo Literario Ritual hubo diversas actividades, el tiempo transcurrió entre lecturas de poesía colectivas y tertulias entre los fundadores e integrantes de ese colectivo. “A mi criterio eran tiempos de espacios limitados de expresión para los jóvenes en Xela, especialmente en la cultura. Yo creo que esos primeros ejercicios fueron un parteaguas de lo que hoy conocemos como el quehacer cultural de la ciudad”, señala el escritor.

En el 2002 Grupo Literario Ritual se desintegró cuando la mayoría tomó un camino distinto. “Fue un año en el que cada uno emprendió nuevas rutas. Algunos se fueron a Ciudad de Guatemala a estudiar letras, pero en mi caso por razones económicas no pude y me quedé en Xela. Ingresé a una universidad local a estudiar Derecho y al mismo tiempo trabajaba como maestro de computación”, recuerda.

La vida del escritor pasaría entonces por momentos clave que marcaron el rumbo hacia lo que era verdaderamente su pasión: la gestión cultural. Cerró cursos de la carrera de Derecho pero supo que ese no era su camino cuando “Luego de organizar un foro la discusión fue tan enriquecedora que el ambiente subió de tono, se puso muy interesante, yo sentía la necesidad de hacer gestión, de crear, de organizar; sin embargo, esto no fue bien visto por la mayoría y a mí me dio luz para decidir que por esa vía no era mi camino”, cuenta.

Desde las primeras lecturas, en el 2001, el FIPQ estuvo en pausa luego de la disolución de Grupo Literario Ritual y fue hasta el 2003 cuando “Busqué de nuevo la forma de seguir haciendo lecturas de poesía y entonces le escribí a Otoniel a El Salvador, él me asesoró y fue mi apoyo en ese momento”, dice.



“Al final, otro gran reto de la cultura es institucionalizar e incidir, a nivel estatal, para que se fomenten políticas para que se generen las condiciones para que la actividad cultural se mantenga”.

En el 2003 se retoma el FIPQ y es “A partir de ese año que comenzó la gran aventura del Festival que no ha terminado. Diría que todo mi ejercicio profesional y de vida está amarrado al Festival “, enfatiza.  A la fecha, García es fundador y director de la Asociación Metáfora y también el director del FIPQ, considerado un evento único en su tipo en Guatemala y que ha sido catalogado por algunos líderes de opinión como   uno de los mejores festivales de poesía en América Latina.

“El decidir llamarle Metáfora a la agrupación surgió porque en El Salvador Otoniel dirigía la Fundación Metáfora, entonces pensamos que aunque en diferentes caminos, era bueno complementar con el nombre para que nuestro trabajo uniera a Centroamérica como región, sobre todo porque tenía que ver con la resignificación de la realidad”, señala.

El autor también es artífice del proyecto de emprendimiento cultural Metáfora Editores, que publica a escritores de Guatemala, Centroamérica, El Caribe y México, también ha colaborado en varios movimientos artísticos y proyectos editoriales de Centroamérica.

En el 2010, junto con varios poetas fundó la red “Nuestra América” de festivales de poesía en reunión realizada en las ciudades de Medellín, Colombia y la Habana, Cuba. Como poeta ha participado en diferentes festivales, encuentros y simposios de poesía en diferentes países de América Latina. García también ha sido facilitador de talleres sobre creatividad, innovación, arte, cultura, economía naranja, encuadernación artesanal, lectura y escritura creativa en Centroamérica.



“Creo que Metáfora es un nombre maravilloso que tiene que ver con la resignificación de la realidad”. 


VIDEO: En el 2016 el programa A fondo, de Guatevisión, dedicó una edición al FIPQ.

 

 


CRECIMIENTO

En el transcurso de los 15 años de vida del FIPQ se han sumado voluntarios al trabajo que conlleva efectuarlo. “La gente que ha trabajado conmigo, a lo largo de los años, siempre ha sido muy poca, somos un equipo fijo de cinco personas que estamos agradecidas porque en la semana del Festival llegamos a ser un equipo de unas 150 personas trabajando en voluntariado para sacar adelante la edición”, destaca.

La gestión y dirección del FIPQ ha sido un reto para García y este 2019, cuando se cumple la edición 15, él y su equipo de trabajo visualizan diversos retos como el financiamiento y la búsqueda de nuevos voluntarios que en un futuro cercano den continuidad al proyecto.

“La gente reconoce el papel que el FIPQ ha jugado en un contexto social, económico y hasta político. A la fecha, contabilizamos unos 600 poetas de varias partes del mundo que se han sumado a esta fiesta de las letras. Lo que comenzó de una de una manera sencilla y  quizá ingenua, se afianzó con los años como una de las plataformas relevantes de gestión cultural a nivel de Centroamérica”, dice el quetzalteco.



“Hay que tener claro qué es la gestión cultural y entender que la profesionalización es vital, es necesario tener una validación académica para que la gente se tome en serio lo que hacemos”. 

lA CULTURA EN XELA

Como es de esperarse, para un gestor cultural como Marvin, cuya carrera profesional se ha desarrollado en la práctica, su opinión acerca de los retos y pendientes de Xela, conocida como la “cuna de la cultura de Guatemala”, está lejos de la idealización, más bien expresa una auto crítica.

“Es necesario poner sobre la mesa la discusión todo lo que nos hace falta mejorar para que aprovechemos ese reconocimiento que el imaginario colectivo tiene de la ciudad y veamos a la cultura como una fuente de generación de ciudadanos pensantes, críticos, urge apuntarle a una generación de desarrolladores de pensamiento, movimientos, más festivales. Es cierto, ahora observamos un movimiento cultural fuerte en la ciudad pero no sabemos muy bien qué es lo que se está moviendo. Ese es el reto”, analiza.

Él cree que la Ciudad Altense aún hay aspectos que mejorar. ¿Que si Xela es la cuna de la cultura?, Creo que todavía somos muy presuntuosos en el tema, en todo caso debería perfilarse a la ciudad como la “Cuna de las culturas, si tomamos en cuenta que en Quetzaltenango cohabitan cuatro grandes grupos: quichés, mames, mestizos y extranjeros, eso nos da otra visión, no permite encerrarnos en una sola cultura. Yo diría que, en lugar de cuna de la cultura, somos más bien cuna de diversas culturas”, agrega. 

A su criterio hay ciertas características geográficas, históricas y económicas que colocan a la ciudad como un referente en términos culturales a escala nacional. Por eso, al preguntarle su opinión acerca del boom cultural que algunos ven en Xela, especialmente en los últimos cinco años, asegura que “Para entender el fenómeno de Xela hay que entender la historia y creo que las cosas son cíclicas. Si analizamos la historia, hace cien años, que en términos históricos no es nada, vemos que estaba casi por terminar el gobierno de Manual Estrada Cabrera y 10 años antes, por ahí por 1910, en Xela se desarrolló uno de los movimientos artísticos más importantes de la región, que fue conocida como la la Generación del Cometa con referentes estéticos a nivel mundial”, recuerda.

“Luego, a finales del siglo XIX está la creación de la marimba doble, que para mí, es uno de los grandes legados de Xela. Si analizamos todo esto notamos que estos hechos colocaron a la ciudad en otra dimensión. Incluso, la presencia de Rubén Darío. La influencia de grandes artistas de otras partes del mundo siempre alimenta la riqueza cultural. Luego la década de 1920, la de 1930, la de 1940, luego la guerra interna, la firma de la paz; la historia es cíclica, ahora, vemos de nuevo una activación de la cultura en Xela, pero ojalá no tengamos que esperar otros cien años para ver nuevas corrientes de pensamiento, dejar por un lado lo superficial y concentrarnos en lo trascendental del papel de la cultura en la construcción de culturas vivas comunitarias”, agrega el escritor.


MARVIN GARCIA
García durante una lectura de poesía. (Foto Guatemalan Art: Facebook/Marvin García).

EL FUTURO

A sus 36 años Marvin suma siete libros publicados. A él le encanta parafrasear a Neruda y por eso, cuando le pregunto si se considera un escritor me responde: “Neruda solía decir que a los 23 cualquiera es poeta, pero si llegas a los 40 y sigues escribiendo, podrías decir que estás camino a convertirte en poeta”.

Ahora mismo está en el proceso de escribir un nuevo libro, al que inicialmente ha llamado: “Tratado sobre el canto de las ballenas”, pero como me reitera en varias ocasiones durante esta conversación: “Yo no creo en eso de que para escribir te viene un rayo de inspiración, yo creo que escribir es un proceso que llevas durante el tiempo, que tus necesidades y ambiciones van cambiando pero que si crees que la literatura y la poesía son un espacio para expresar lo que sientes, algo saldrá”, asegura.

Marvin también cree que la lectura sigue siendo la columna vertebral de todo aspirante a escritor. “A los que escribimos en Xela nos hace falta leer más, conocer más de nuestros idiomas, al final escribir es un camino y para llegar hay que trabajar mucho”, dice.

Este 2019 es, de nuevo, un año “simbólico” para él. El FIPQ arriba a su decimoquinta edición. En cuatro años más, anhela dejar la estafeta del Festival a nuevas generaciones, también en cuatro años más él cumplirá 40 años de vida y estará, según Neruda, cada vez más cerca de aspirar a ser un poeta, pero el camino no se detendrá ahí, al menos no lo planea así porque tiene un nuevo anhelo: “Espero que en cuatro o cinco años como máximo, logre montar un centro cultural en Xela, con una biblioteca grande, un espacio para leer, para hacer talleres y que se llame: La casa de la poesía”, me dice mientras bebemos buen café en Baviera, en el Centro Histórico de Xelajú. Es diciembre del 2018, han transcurrido 22 años desde que él y su amigo Julio comenzaron a leer del Modernismo y Guatemala firmó la paz.


“Desde el espíritu más profundo del FIPQ lo que buscábamos desde un principio, y lo que seguimos buscando es la resignificación de la realidad a través del arte y la cultura”.

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Marvin
El autor trabaja en su más reciente libro. (Foto Guatemalan Art: Facebook/Marvin García).

 

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