Vanesa Rivera: el coraje de bailar por un sueño

Maestra, bailarina y coreógrafa, graduada como maestra de danza clásico-académica en la Academia de artes y oficios del espectáculo del Teatro alla Scala de Milán, Italia. Esta es la historia de la quetzalteca que está al frente de la dirección del Teatro Municipal de Quetzaltenango.

Por Sandra Escobar/@sescobar_gt

El 19 de julio de 1895 el telón del Teatro Municipal de Quetzaltenango se abrió para escribir uno de los capítulos relevantes en la historia del arte de Guatemala; el recinto es considerado uno de los iconos arquitectónicos y culturales de América Latina.

En aquella época, las tablas de este emblemático monumento se inauguraron con una compañía de ópera. Noventa y dos años después, en esas mismas tablas, hizo su debut una niña de 11 años de edad. El sueño, así se llamó la coreografía que presentó un grupo de soñadoras, dirigidas por la maestra María Villagrán, la misma que descubrió el potencial y talento de Vanesa Rivera, la pequeña a quien becó e instruyó en el ballet. 

Y de nuevo, el juego del tiempo, de las tablas. En el 2017, treinta años después de El sueño, esa niña regresó al Teatro de Xela, esta vez, con una destacada trayectoria como maestra, coreógrafa y bailarina. Luego de recorrer Europa, Cuba y otros países de América Latina, Vanesa Rivera está en casa, en el mismo teatro donde debutó cuando niña, con una firme convicción: contribuir a la formación profesional de las nuevas generaciones del arte del país, especialmente en la danza y el ballet clásico.

En los 123 años de historia del Teatro Municipal de Quetzaltenango, Rivera es la primera mujer en dirigirlo.


Vanesa debuta en el teatro
Vanesa Rivera, por primera vez en el Teatro Municipal de Quetzaltenango cuando tenía 11 años de edad; fue su debut en el lugar que ahora dirige. (Foto Guatemalan Art: cortesía de Vanesa Rivera).

AMADA

Su historia de vida está construida a partir de sucesos cotidianos que, al hilarse, construyeron un ser humano con la calidez y serenidad que la caracteriza. Vanesa y yo nos reunimos en el segundo piso del Teatro de Xela. Había un clima cálido ese mediodía de abril. Estábamos en una de las ventanas. Observábamos a la gente pasar, la mayoría estudiantes de diversificado. Así, justo como estuvo ella en esas calles cuando a los 15 años de edad decidió irse a Ciudad de Guatemala a estudiar ballet. En ocasiones, asomaron lágrimas a su rostro, algunas de alegría, otras de tristeza; sobre todo al recordar experiencias familiares que marcaron su vida. Pero, todo ha sumado, dice, todo ha forjado su alma de artista lo cual, evidentemente, se refleja en su trayectoria.

Es curioso, dice la maestra, sus abuelos maternos eran de clima frío pero decidieron vivir en San Felipe, Retalhuleu, en el clima caluroso. Fue ahí, en el límite entre Xela y Reu, dentro de un vehículo, que ella nació. Y fue también de esta región de la Costa de Guatemala que su madre, Consuelo Martínez Ovalle, migró, a los 15 años de edad, hacia Xela, para estudiar enfermería. Allí conoció a su padre, Óscar René Rivera Ávila (QEPD), con quien tuvo cuatro hijos; Vanesa, la única mujer.

“Fui una niña amada; fui abrazada y querida. De mi padre recuerdo su calidez humana, su conciencia social, su extraordinaria empatía con las necesidades de los demás, jamás te dejaba tirado, si lo buscabas y no lo hallabas, era seguro que estaba ayudando a alguien. De mi madre, admiro su fuerza, inteligencia e independencia. Desde joven ayudó a su familia a salir adelante y a mi padre le ayudó a llevar adelante el negocio familiar”, cuenta.


 

“Mi papá me acercó a los libros y nutrió mi vocación”. 

La maestra Rivera estudió en La Scalla Theatre Ballet School en Milán, Italia. Destacó como latinoamericana en las pruebas de selección para aplicar a la formación. El Teatro Alla Scala es uno de los mas famosos y reconocidos del mundo. (Foto Guatemalan Art: cortesía Vanesa Rivera).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Maestro Crespo
Rivera en 1997, junto con uno de sus maestros más queridos, Antonio Crespo, el día de su graduación en la Escuela Nacional de Danza Marcelle Bonge de Devaux. (Foto Guatemalan Art: cortesía Vanesa Rivera).

COMIENZA EL CAMINO

Sus primeros acercamientos con el ballet ocurrieron a los 9 años de edad, mientras estudiaba en el Colegio Encarnación Rosal de Quetzaltenango. María Villagrán, la maestra que le abrió la puerta a este mundo, la becó porque descubrió en ella potencial para dedicarse a ese arte. Ahora, Rivera es profesora de la nieta de Villagrán. Luego de las clases de ballet en el colegio asistió a otras academias en Xela y tomó clases con otras maestras como Blanquita Bethancourt y Elvira Negreros.

A los 12 años, a petición de algunas de sus mentoras, comenzó a impartir clases a las niñas de menor edad. Así se inició su camino como mentora. Años más tarde, la presencia del bailarín Edy Vielman en Xela marcó un antes y un después en su vida. “Tenía  15 años cuando tomé conciencia de que ese era el camino que quería seguir. Me dije, tengo que seguir preparándome y cuando Vielman me habló de la Escuela Nacional de Danza, decidí irme a Ciudad de Guatemala”, recuerda. Tenía 15 años, le dijo a su familia que iría por corto tiempo. Lejos estaba de saber que en la capital del país encontraría el camino que más tarde la llevó a Cuba y luego, a Europa, a una de las escuelas de prestigio mundial.

Despedirse de su familia, en plena adolescencia, fue una de las pruebas superadas por esta quetzalteca cuyos primeros días en la capital del país fueron un reto. Desde que su padre supo que quería ser bailarina, se encargó de llevarla a observar presentaciones de ballet, de hecho, le grababa programas de televisión. “Me buscaba todo lo que podía, siempre quiso que yo fuera plena”, dice, mientras asoman lágrimas a su rostro al recordar la partida de su padre, hace cuatro años.

En 1992, en Ciudad de Guatemala, Rivera ingresó a la  Escuela Nacional de Danza Marcelle Bonge de Devaux, de donde se graduó con honores de bachiller en arte especializada en danza y coreografía.

“Me gusta llamarle a mi paso por la Escuela Nacional de Danza, los años maravillosos porque tuve la fortuna de ser formada, junto con mis compañeras, que por cierto fuimos un grupo muy unido, por grandes maestros como Manuel Ocampo, Antonio Crespo, Christa Mertins e Isabel Luna (QEPD), una de las maestras que marcó mucho mi vida”, comenta.

Según sus cuentas, comenzó a dar clases a los 12 años de edad, quizá sea por eso que el formar a las nuevas generaciones se convirtió en una “obsesión” que la ha acompañado desde entonces. Ella asegura que una de las claves de su carrera ha sido encontrar en el camino ángeles como su familia y grandes maestros y maestras que creyeron en sus capacidades. “Cuando estábamos en los últimos grados el maestro Crespo integró un cuerpo de baile con sus alumnas, fue una época maravillosa, había tanta armonía y nos dio grandes oportunidades con Cascanueces, Cenicienta, El lago de los cisnes y otros ballets clásicos que se retomaron luego de una época muy oscura para el país”, recuerda.

Como era de esperarse con una alumna de alto rendimiento, al egresar, fue invitada a formar parte del claustro de maestras de la Escuela Nacional de Danza y fue así como a los 21 años, creó el programa de formación para niños de 3 a 8 años que aún continúa vigente.

Su constancia y dedicación le abrieron el camino para cumplir uno de los grandes sueños de todo profesional de la danza: integrar el Ballet Nacional de Guatemala, con quienes bailó los grandes ballets del repertorio clásico y algunos de orden moderno y contemporáneo.


Despedida
Rivera durante actuación que fue su despedida como bailarina del Ballet Nacional de Guatemala, en la temporada del ballet El cascanueces. Luego, fue ballet mistress de la compañía. (Foto Guatemalan Art: cortesía Vanesa Rivera).

DECISIONES

En 1994 ocurrió algo curioso en la vida de esta bailarina: decidió ingresar a la Facultad de Odontología de la Universidad de San Carlos. Es franca al decir que hubo días en los que se cuestionó si realmente viviría del arte. “Llegué hasta el cuarto año de la carrera en la Facultad, ya estaba para sacar muelas (ríe), pero un buen día decidí dejarlo todo y dedicarme de lleno a la danza”, dice. ¿Y alguna vez te has arrepentido de esa decisión?, le pregunté. Entonces, me respondió con otra pregunta: ¿De cuál decisión?, mientras esbozaba una sonrisa. No fue necesario decir más. Esa sonrisa fue su respuesta.

Estando en el Ballet Nacional ganó una beca para bailarina intérprete en Francia. Todo estaba listo pero, un mes antes de partir, un accidente en el salón de un ensayo fue, como ella lo describe, “Una de mis primeras muertes”. Una lesión en el cóccix la obligó a una larga recuperación. No pudo viajar a Francia. Hubo momentos de miedo, de ansiedad, sobre todo cuando el médico le dijo: “Olvídese de bailar”. “Sin embargo, luego de un largo proceso de terapia y conciencia corporal, salí de esa prueba y volví”, recuerda.

Luego, ganó de nuevo una beca. Se marchó a Cuba por dos años para asistir a la cátedra de extranjeros en el Ballet Nacional de Cuba. “Tengo recuerdos maravillosos. Una época de intensa formación académica, práctica y física”, dice.


“A mí el arte me ha dado un poquito de luz, en medio de la desesperanza por la pobreza y desigualdad en Guatemala”

De vuelta a Guatemala otro capítulo estaba por escribirse en su vida artística. De nuevo las personas que en el camino le dieron oportunidades, como su maestra francesa, a la que nunca conoció y con quien solo tuvo contacto por medio de internet, la misma que la había apoyado para conseguir la beca que perdió por causa del accidente, ahora le daba su apoyo e información para aplicar a una beca en Italia. La maestra falleció pero antes, supo que su querida alumna había logrado la beca.

“En el 2002, luego de un mes de audiciones entre 300 profesionales de la danza, con exigentes pruebas, entrevistas y demostraciones, logré un puesto entre los 15 seleccionados”, recuerda. Fue así como ingresó a la prestigiosa Academia de Artes y Oficios del Espectáculo del Teatro alla Scala de Milán, Italia, de donde, luego de tres años de intensiva formación, se graduó como maestra de danza clásico-académica.

Luego, volvió a Guatemala, pero esta vez junto con el amor de su vida, el director de orquesta Martín Corleto ; se casaron en Barcelona hace 14 años. “Martín es una pieza clave en mi vida, un bastión en mi carrera”, dice.


Amor
Martín Corleto y Vanesa Rivera durante una interpretación que ambos montaron. (Foto Guatemalan Art: cortesía Vanesa Rivera).

Pareja
Rivera junto con su esposo, Martín Corleto, a quien considera un bastión en su vida y carrera. (Foto Guatemalan Art: cortesía Vanesa Rivera).

el regreso 

De nuevo, las fechas clave presentes en su vida. En cierta ocasión, su esposo le dijo que en el 2020 se mudaran a vivir a Xela, pero la cita con la ciudad en donde debutó como bailariana se adelantó. En el 2017 Rivera acudió a la municipalidad para solicitar el uso de las instalaciones del Teatro Municipal para realizar el Encuentro nacional de danza, una iniciativa suya con la que buscaba capacitar a maestros de danza de los departamentos del país. “Llegué en busca de un espacio para hacer el encuentro y fue en esa ocasión que surgió la propuesta para dirigir el Teatro Municipal de Quetzaltenango”, recuerda.

Aceptó. Desde mayo del 2017, su gestión como directora se ha destacado por la revitalización del recinto, considerado como el centro cultural más importante del Occidente del país. Vanesa ha logrado a la fecha una de sus metas que es la implementación de una agenda cultural propia.

“Cuando asumí el reto decidí basar mi plan de trabajo en cinco ejes: La resignificación del espacio para cuidar que este lugar sea una casa de arte y cultura. Mantenimiento y restauración. La formación, porque los teatros tienen que tener escuelas, talleres de formación, cuerpo de baile. Las alianzas estratégicas con diversos actores sociales para lograr la sosteniblidad de la agenda y eventos que promueven y, finalmente, el fortalecimiento de la identidad del Teatro por medio de una agenda cultural propia”, detalla.


“El Teatro de Xela debe codearse con los teatros del mundo, con un arte propio, con las características de lo que somos”.

Es curioso, en aquel Encuentro nacional de danza que la maestra organizó en el 2017, el que le abrió las puertas para la dirección del Teatro Municipal, ella se “despidió de las puntas”, del ballet. En el mismo lugar en donde, a los 11 años de edad debutó con la coreografía que la maestra que le abrió las puertas al mundo del ballet organizó. Aunque hizo ese ritual de despedida, no se ha ido. Sigue más presente que nunca. Los martes y jueves imparte clases al cuerpo de baile del Teatro.

“Ojalá estemos preparando el camino para la Elisa Carrillo de Guatemala”, me dijo el día que le compartí por WhatsApp en enlace con la noticia del mayor galardón de la danza clásica, a nivel mundial, que la mexicana Elisa Carrillo ganó el 21 de mayo de este año.

Vanesa es modesta al hablar de sí misma, yo le dije, en esa misma conversación de WhatsApp, que estaba segura de que los frutos de su esfuerzo y trabajo en favor de la formación de las nuevas generaciones de artistas de Guatemala, rendirán fruto, porque ella, al igual que Carrillo en México, también es una grande del arte en Guatemala.

¿Cuál es tu sueño pendiente? le pregunté antes de despedirnos el día que la visité en el Teatro de Xela. Es una utopía, respondió. “Mi sueño es un país en el que los niños no pasen hambre y tengan acceso a la educación. No entiendo la pobreza y la desigualdad. Ese es mi gran sueño y, por eso, de alguna manera, quiero contribuir con los programas de formación artística”, dijo mientras salíamos del Teatro. Afuera, los estudiantes llenaban las calles. Había bullicio, risas, esperanza.


La maestra Rivera también ha recibido formación en Cuba. (Foto Guatemalan Art: cortesía Vanesa Rivera).

Vanesa Rivera (izq.) junto con la maestra Amalia Colombini, en las gradas del Teatro alla Scala, de Milán, Italia. (Foto Guatemalan Art: cortesía Vanesa Rivera).

|VIDEO| Negro sobre blanco. GARABATO, Compañía de danza. Coreografía: Vanesa Rivera. Bailan: Luisa Chaluleu, Josué Barrios y Vanesa Rivera.


|REDES SOCIALES| La maestra Rivera puso en marcha una estrategia de comunicación en la fan page de Facebook del Teatro Muncipal de Quetzaltenango que la posiciona como referente en la agenda cultural del Occidente del país.

 


 


 

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