Mariela Estrada, érase una vez una cuentacuentos

En Guatemala hay pocas mujeres dedicadas exclusivamente a la narración oral

Sandra Escobar/@sescobar_gt 

Ella tiene la habilidad de convertir las palabras en imágenes y construir escenarios cuyo límite es la imaginación de quien la escucha. Cuando comienza una historia atrapa y entreteje un mundo donde todo puede suceder. Tiene el poder de una cuentacuentos. 

Mariela Beatriz Estrada Cabrera, nació un 8 de abril en Ciudad de Guatemala, pero su infancia y adolescencia transcurrió en el municipio de Mixco, por la Calzada Doroteo Guamuch Flores. “Yo era de las que cuando iba a la panadería veía a don Doroteo sentado en una silla frente a su vivienda; él saludaba a cada vecino que pasaba”, recuerda.

Comenzó en el 2009 en el arte de la narración oral, junto a Édgar Molina,   con quien fundó la compañía Cuentos y Talentos, guiados por un “compromiso social, artístico y cultural”. Desde entonces trabajan como cuentacuentos, en talleres formativos, presentaciones culturales y educativas, para “mantener viva la tradición oral de Guatemala”, dice.

Mariela anhela escribir su propio libro de cuentos con historias de mujeres guatemaltecas. (Fotos Guatemalan Art: Sandra Escobar).

Mariela confiesa sentirse afortunada porque tuvo una infancia muy feliz. “Mi mamá me contaba cuentos todas las noches, muchas historias y yo siempre le pedía las mismas. Las tardes las pasaba jugando con mi papá”. De esos años ella guarda buenos recuerdos. “Me dormía muy noche, porque padecía del asma y el medicamento que tomaba me daba insomnio. Mi padre me tendía un ponchito rosa y jugaba conmigo; mi mamá me contaba cuentos”, recuerda.

Es la menor de tres hermanas. “Fui la más consentida, muy apegada con mi padre. Él murió cuando yo tenía 9 años, eso me cambió la vida”, cuenta.

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Después de la muerte de su padre, Mariela comenzó a pasar más tiempo en la casa de sus abuelos, que estaba sobre la Calzada Roosevelt. Junto a sus primas disfrutaron esos días de infancia. “Aquella casa era un mundo ideal para nosotras, había muchos árboles frutales, jugábamos todas las tardes”, relata.

Recuerda la casa de sus abuelos como “un lugar grandísimo”.  “Escuchábamos  los relatos de historias de miedo que los adultos contaban. Yo me sentaba en el regazo de mi mamá y disfrutaba mucho esas tardes, aunque moría del miedo con aquellas narraciones”, agrega.

También cree que su pasión por el relato oral y el arte, es en cierta manera una herencia de su abuelo, quien escribía cuentos, tocaba la guitarra; era un hombre culto.

“Crecí en un mundo de mujeres; en mi familia somos como 15”, Mariela Estrada.

de cerca

Mariela es espontánea, risueña, alegre y elocuente, quien la conoce sabe que es una fiesta completa. Sin embargo, revela que en su adolescencia fue muy tímida. “Contrario a lo que mucha gente piensa, porque hago narración oral, fui muy reservada”, confiesa.

Estudió Piscología, se graduó de maestra del nivel Pre Primario y trabajó cinco años como docente. También trabajó en Fundaniñas, una institución que apoya a niñas en situación de riesgo.

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En aquel tiempo conoció a Édgar Molina, El Pollo, cuando ambos trabajaban en el Museo de los Niños. “Él era cuentacuentos en el museo y después en una librería llamada El hormiguero”, recuerda.

Mariela visitaba regularmente esa librería y fue así como surgió la idea de trabajar juntos. Planearon contar la historia de: Pollito pito, un cuento popular infantil y que aún hoy es el favorito de su público. “Fue oficialmente el primer cuento que narramos juntos y nos llevó a muchos lugares que aún recordamos”, dice.

Mariela vive desde hace más de un año en La Antigua Guatemala, una ciudad que asegura, le da la paz y serenidad que necesita para desarrollar su profesión. (Fotos Guatemalan Art: Sandra Escobar)

El comienzo

El reto comenzó el 11 de julio del 2009. Fue la primera presentación oficial de la Compañía Cuentos y Talentos. “La idea no era solo de narrar cuentos, también quisimos ser un enlace para apoyar a otros talentos”, explica.

En la compañía, ella ha desarrollado su pasión por la narración oral y el amor por la lectura, especialmente de literatura infantil. “Tenemos claro que este proyecto es más allá de cuentos infantiles. Creemos que la tradición oral de Guatemala y muchos otros países de América Latina es valiosa y por eso pretendemos contribuir a mantenerla viva”, reflexiona.

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Pero ¿Qué tipo de formación reciben los cuentacuentos en Guatemala? “Nosotros hemos sido autodidactas en el tema, leemos todo cuanto podemos y buscamos constante actualización para ofrecer siempre algo de primer nivel”, responde.

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Para Mariela “en la narración oral, un cuentacuentos no es un entretenimiento, es alguien que establece un vínculo con el público, especialmente para escuchar”. “Ahí está la riqueza de ese arte”, agrega.

En Guatemala la carrera de la cuentacuentos se ha desarrollado en el área infantil. A los narradores orales se les encasilla en temas exclusivamente infantiles o de entretenimiento. “Nosotros creemos en el poder transformador de las historias; todos necesitan escucharlas alguna vez en su vida”. Por esa razón, también ofrecen espectáculos para público adulto.

“Para que haya más mujeres en la narración oral es necesario visibilizar y dignificar la profesión”, Mariela Estrada.

Este año, Cuentos y Talentos tiene planeada la campaña Historias compartidas. “Consiste en que por cada persona u organización que nos contrate, nosotros donaremos una función a alguna comunidad que no tenga los recursos económicos para adquirir nuestros servicios. Nuestra meta es que nadie se quede sin escuchar un cuento”, comenta.

Para esta artista también es importante el reconocimiento de su profesión, la cual bajo ninguna circunstancia toma como un pasatiempo.

Proyectos

La cuencacuentos tiene más de un año a residir en La Antigua Guatemala, Sacatepéquez, y trabaja en un proyecto personal de escribir cuentos. “Esta es una ciudad que me permite cierta intimidad, soledad, ver escenas de la vida cotidiana para escribir acerca de las mujeres”, comenta. La experiencia de escuchar historias no es nueva para ella. Desde hace algunos años viaja al lago de Atitlán, Sololá, para escuchar las historias que le cuentan otras mujeres, muchas de ellas artistas.

Su carrera tiene sonrisas, satisfacciones y muchos recuerdos. “Una de las mayores satisfacciones que he tenido es reencontrarme con los niños -ahora adolescentes- que escucharon mis primeros relatos”, dice. También ha tenido momentos difíciles, como visitar comunidades rurales en las que los niños afrontan carencias pero, a pesar de todo, se emocionan al escuchar un relato y les premian con una sonrisa, un abrazo.

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Los cuentos tienen un efecto de sanación, asegura. “En el caso de los adultos sirve para reconectar su lado más sensible, para recobrar la capacidad de asombro, para disfrutar de la imaginación”. Y en efecto, ella sana, con palabras y relatos, a quien disfruta escucharla.

De cerca
    • A la fecha ha escrito dos cuentos como parte de su proyecto personal que aún está en desarrollo.
    • La literatura infantil es su favorita
    • Le encantan los clásicos de cuentos de hadas
    • También le fascina leer de Astrología
    • Entre su música favorita está la trova
    • Cree que la cultura debe ser accesible para todos
    • Practica ejercicios creativos para desarrollar su arte

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“Los cuentos me cambiaron la vida, me volvieron extrovertida y viajera”,
Mariela Estrada.

 

Estrada Cabrera durante la charla con Guatemalan Art en Unión Café, La Antigua Guatemala. (Foto Guatemalan Art: Sandra Escobar).

 

“Veo la narración como algo muy puro, como volver a los tiempos en los que se contaban historias, incluso alrededor del fuego”,
Mariela Estrada.

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“Para algunos, el acceso a libros en Guatemala aún es difícil”,
Mariela Estrada.

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